sábado, 14 de mayo de 2011

La absolución por duda razonable en el procedimiento abreviado



Brevemente, trataré de explicar en esta oportunidad por qué, a mi juicio, en el procedimiento penal abreviado no procede la sentencia absolutoria por insuficiencia de antecedentes. (“Duda razonable”)
Para comenzar es necesario advertir que desde un principio el legislador previó la hipótesis de absolución en el contexto del procedimiento abreviado, a objeto de dar contenido al principio inspirador del Código, según el cual, la sola autoincriminación no puede servir para condenar al imputado. En base a esta consideración, ya en el Mensaje del Ejecutivo se decía que “el proyecto faculta al juez incluso para absolver en el caso que, a pesar del reconocimiento de los hechos realizado por el acusado, éstos no sean constitutivos de delito o el conjunto de los antecedentes de la instrucción lo llevares a adoptar esa decisión”.
Sin embargo, el proyecto primitivo del Código Procesal Penal no establecía, como sí lo hace el actual artículo 410, la obligación previa del Juez de Garantía de calificar la suficiencia de los antecedentes de la investigación como trámite necesario para tramitar la causa de conformidad a las reglas del procedimiento abreviado.
La ponderación de tal suficiencia fue incorporada en el Senado a fin de “evitar que se transara sobre los hechos, en aquellos casos en que la investigación del fiscal era insuficiente, a fin de dejar en claro que el juez puede rechazar el acuerdo si su contenido no se conforma con los antecedentes de la investigación”.
Así las cosas, a pesar de que las causales de absolución que tuvo en mente del legislador primitivo fueron las propias de todo proceso penal, es decir, la diversa calificación jurídica de los hechos por parte del juez y la insuficiencia de antecedentes para conformar la convicción de condena, la modificación sufrida por el artículo 410 en el Senado introdujo un factor de confusión, al incorporar como requisito de admisibilidad del procedimiento abreviado, el análisis previo de la suficiencia de los antecedentes de la investigación por parte del Juez de Garantía.
El factor de confusión está dado, porque la absolución por causa de duda razonable, como se dijo, no es más que la desestimación de la acusación por falta de antecedentes suficientes para adquirir la convicción de que realmente se cometió el hecho punible objeto de la acusación y que en él le ha correspondido al acusado una participación culpable y penada por la ley; – artículo 340 del Código Procesal Penal – así, entonces, se nos plantea la siguiente paradoja:
¿Cómo podría absolverse a alguien por insuficiencia de antecedentes respecto de la existencia del hecho o de su participación– duda razonable – si el Código, precisamente, exige al Juez como requisito para tramitar el procedimiento abreviado la existencia de antecedentes suficientes de investigación?
El profesor Diego Falcone ha sostenido que no resulta posible la absolución en el ejemplo planteado, ya que sostener en la sentencia que en verdad los antecedentes eran insuficientes cualitativamente para condenar, hace, por un lado, ociosa y contradictoria la aceptación prestada por el acusado y, por otro, vacía de contenido el pronunciamiento preliminar del tribunal en cuanto a que los antecedentes de la investigación eran suficientes para proceder.
Si además tomamos en consideración la lógica de las confianzas involucradas entre los intervinientes y el propio tribunal, pilar implícito del actual sistema procesal penal, no cabe duda que la declaración de oficio o a petición de parte de la duda razonable, minará en sus cimientos tales confianzas y, por su intermedio, el propio funcionamiento del sistema.
A este respecto, Diego Falcone sostiene que, si afirmamos que es factible la absolución por la vía de la duda razonable, el procedimiento se transformaría para el fiscal en algo así como un canto de sirenas, porque si alguien le hubiese advertido lo que ocurriría, no habría tomado la iniciativa del solicitar el procedimiento abreviado, sino que habría continuado hasta el juicio oral.
Planteadas las cosas de este modo, cuando la Juez de Garantía analiza los antecedentes informados por el fiscal y estima que ellos no son suficientes para establecer la existencia del hecho o la participación del acusado, debiese rechazar la tramitación del procedimiento abreviado, pues tal rechazo, seguido de la realización de la preparación del juicio oral, parecen una salida más transparente que admitir el procedimiento abreviado y luego absolver por duda razonable.
Sobre esta materia, la profesora María Inés Horvitz piensa diferente. Acuña la expresión suficiencia razonable para aludir al análisis de admisibilidad del procedimiento abreviado que debe realizar el Juez de Garantía. Según ella, se trata de un examen formal, según el cual, bastaría con verificar la existencia de antecedentes de mérito para conformar el contenido de la imputación realizada al acusado.
Siguiendo el razonamiento de la profesora Horvitz, entonces, sería posible absolver por causal de duda razonable, ya que el verdadero examen de mérito de los antecedentes sólo será realizado al momento de pronunciarse la sentencia, oportunidad en la que el tribunal podría advertir que los antecedentes formales que hacían posible el abreviado no eran de la entidad necesaria para adquirir la convicción de condena.
No comparto la opinión de la profesora Horvitz, pues, su posición, aunque constituye un esfuerzo honesto por intentar explicar el origen primitivo del artículo 410 del Código Procesal Penal, desconoce los cambios experimentados en el Senado que dieron al procedimiento abreviado un carácter sui generis. Por otra parte, esta última interpretación introduciría una distorsión en el sistema de confianzas del sistema e incorporaría como fundamento la noción de suficiencia razonable, que, si bien podríamos llegar a entenderla haciendo un esfuerzo de abstracción, resulta confusa e impracticable.
No debemos olvidar que, por el carácter oral y concentrado del procedimiento penal en actual vigencia, la inmensa mayoría de las causas que concluyen en un procedimiento abreviado, tanto la tramitación del mismo, como la dictación del fallo, se realizan en una misma audiencia que suele durar apenas unos pocos minutos. En ese contexto, resulta poco razonable que un Juez de Garantía considere que existen antecedentes para proceder en forma abreviada y, sólo algunos momentos después, a causa de la estrategia asumida por la Defensa, declare la absolución del acusado, sosteniendo que los mismos antecedentes que se estimaron suficientes al inicio de la audiencia desde un punto de vista formal, ahora, analizados en su mérito, resultan ser insuficientes para condenar.
La mayor garantía para el imputado siempre estará dada por el juicio oral. Para el Ministerio Público y el querellante el juicio también constituye la instancia máxima de concreción del justo y racional procedimiento que profesa la Constitución.
Entonces, no resulta útil realizar esfuerzos intelectuales para justificar abstracciones incompatibles con la lógica operativa del procedimiento abreviado. Absolver por duda razonable vendría a ser como ganar por secretaría, en circunstancias que lo que debe hacer el Juez ante la constatación de la insuficiencia de antecedentes es, lisa y llanamente, cerrar la puerta al procedimiento especial, y dejar que las partes debatan en un juicio público y contradictorio los fundamentos de sus desavenencias, pues éste es el lugar natural para ventilar los conflictos insalvables. Esto permitirá, además, que el tribunal juzgue en forma más acertada, reduciéndose el margen de un posible error judicial y ofreciéndosele al propio imputado una interpretación más respetuosa de sus derechos.
Si es de tu interés, este tema puede ser profundizado en mi libro: "Problemas del proceso penal"

martes, 3 de mayo de 2011

La lección histórico - jurídica de Rapa Nui





Sin ánimo alguno de trivializar el debate jurídico; por el contrario, en la firme convicción que el estudio del derecho puede llegar a ser algo muy atractivo y reconfortante cuando se lo aborda del modo adecuado, es que ahora me permito compartir con ustedes una experiencia personal, pero no por eso, menos atingente a nuestro quehacer profesional.
Hace unas semanas atrás regresamos con mi familia desde la isla de Rapa Nui - isla de Pascua, para los chilenos continentales - ; no fue primera vez que visitábamos este lugar privilegiado de la polinesia y espero, francamente, que no sea la última.
Al margen de las consideraciones vacacionales que no viene al caso comentar aquí, varias veces pensé durante el viaje que éste es uno de esos lugares que toda persona vinculada al mundo del derecho debiere algún día conocer. También nuestros hijos, por cierto; para que puedan comprender por qué debemos valorar nuestra democracia, nuestras instituciones consensuadas y el frágil planeta que nos ha legado la naturaleza.
Rapa Nui es un lugar hermoso, pero sobrecogedor, ya que en él puede evidenciarse, en un modelo a escala, cuáles pueden ser las consecuencias para una sociedad cuando no se es capaz de implementar una organización respetuosa con la diversidad y el medio ambiente y, a la vez, sustentable desde un punto de vista económico y demográfico. En este sentido, los estudiosos del “estado de naturaleza”, del consenso social como modelo de supervivencia humana, del derecho medioambiental y, desde luego, los encargados de la planificación estratégica de los estados, no debieren dar curso a sus axiomas epistemológicos sin primero recorrer éste, uno de los lugares más incomunicados del planeta.
Es precisamente este aislamiento brutal que condenó por siglos a la cultura rapa nui el que la transformó en un laboratorio social imprescindible para entender la importancia del derecho. Ciertamente, la isla se mantuvo miles de años desvinculada del resto del planeta, entregada sólo al destino y suerte de su propia población, estimada en unas 50.000 personas en algún momento de su historia; demasiado, para un pedazo de tierra de apenas 160 kilómetros cuadrados, condenado, además, a ser autosustentable.
Junto a los guayabos y plátanos tropicales que suelen existir en las calles del pueblo de Angaroa florecen, al mismo tiempo y después de un largo estado de abandono, los intentos serios y constatables del gobierno continental en orden a dotar a la población existente de la infraestructura que merece una isla como ésta. No podía ser menos; Pascua se ha ido consolidando como un destino turístico de clase internacional, no sólo por su ubicación, sino también, porque es el único lugar de aquellos en que Chile ejerce influencia en el que floreció una cultura precolombina superior.
Las particularidades de Rapa Nui y las simpatías que la isla genera en la comunidad ambientalista internacional llevó al Gobierno de Chile a emprender un camino jurídico mucho más expedito en torno a las reivindicaciones de tierras realizadas por la etnia rapa nui luego que a principios de este año la policía desocupara por la fuerza, a solicitud de Ministerio Público, diversos terrenos ocupadas por un grupo no menor de pascuenses en el centro de Angaroa. Como sea, me parece que es posible resolver sin mayores trámites los conflictos vinculados al derecho de propiedad de los descendientes pascuenses, ya que la complejidad de la problemática es infinitamente menor que la de otros pueblos originarios chilenos, como el mapuche. La prohibición legal de traspaso de tierras a cualquier título a quienes no sean descendientes rapanui ayuda a la solución de una manera descomunal. Además, un aspecto interesante de subrayar es que no existen antecedentes jurídicos sólidos para fundar una cesión soberana de los pueblos originarios al estado de Chile cuando éste se hizo cargo de la isla en 1888 mediante un tratado, ya que, si bien el documento escrito en español aludía a cesión de soberanía, la copia redactada en la misma oportunidad en lengua rapanui - tahitiano utilizaba una fórmula más bien vinculada a la idea de un protectorado. Toda la historia de la inscripción conservatoria de la propiedad en Isla de Pascua se construye a partir de estos febles cimientos.
Ya en las afueras del perímetro urbano de Angaroa, yace la realidad inclemente del pasado de Rapa Nui: el pasado que nos dejó una cultura monumental que hoy es objeto de habituales tours turísticos, pero que, paradojalmente, constituye también, el reflejo de un pueblo que colapsó por la ausencia de un marco regulatorio inspirado en las necesidades colectivas, primando, en cambio, una historia fratricida incapaz de imaginar que, a partir de tal sectarismo, se iría gestando el germen de la autodestrucción.
Existen evidencias de poblamiento en épocas diversas en toda la isla. Sin embargo, con dos años de licenciatura en historia en el cuerpo, me parece claro que la ocupación se inició en el sector que actualmente ocupa la bella playa de Anakena y sus alrededores, únicos habilitados para el acceso a tierra desde el mar. La cercanía de la cantera de moais ubicada en el Volcán Rano Raraku y el formidable Ahu Tongariki se ven entrecortados por un conjunto indeterminado y extenso de piedras desparramadas por doquier que, en la época de mayor esplendor, debieron conformar decenas de decenas de construcciones habitacionales y ceremoniales. Se trata de un escenario dantesco que se profundiza aún más al recorrer el interior y los alrededores del volcán Rano Raraku: decenas de moais que comenzaron a ser esculpidos y otros tantos intencionalmente destruidos dan cuenta de las guerras intestinas que terminaron por arrasar con los vestigios físicos más característicos de la cultura rapanui.
Este sector de la isla muestra, también, evidencias claras de abuso indiscriminado – desesperado, quizás – de los recursos naturales producto del aumento poblacional. La deforestación imprime a la vista una imagen desoladora y en la zona de las cavernas más exploradas se han encontrado vestigios de restos óseos humanos con señas de canibalismo.
¿Cómo fue posible que un pueblo de origen polinésico fuertemente estratificado con tradición de pescadores, pero con conocimientos en agricultura y en la crianza de aves menores que logró superar muchos estándares de sus predecesores hubiera llegado a esto?
La respuesta no es muy difícil de presumir. A la llegada de los primeros navegantes europeos y de las posteriores expediciones esclavistas peruanas que terminaron casi por exterminar la etnia originaria, la cultura rapanui ya había sufrido el impacto auto flagelante de las guerras que enfrentaron a los diversos clanes que habitaron la isla. Cuando Pascua comenzó a ser visitada por expediciones expansionistas extranjeras no era ni la sombra de lo que había llegado a ser algún día.
La enseñanza que nos deja Rapa Nui se relaciona con la fragilidad del medio ambiente y con la necesidad de compatibilizar el desarrollo cultural con las necesidades de supervivencia de las personas. Tiene que ver también con lo esencial que resulta la existencia de un marco regulatorio capaz de prever el carácter finito de los recursos naturales y establecer límites para el crecimiento irresponsable de la población. Lo ocurrido en Isla de Pascua jamás habría acontecido en el continente, porque las poblaciones afectadas tendrían que haber emigrado a otras zonas menos inhóspitas, tal como ha sucedido muchas veces en épocas prehistóricas e históricas.
El punto es que nuestro planeta podría avanzar a pasos agigantados en dirección a transformarse en una gran Rapa Nui, rodeado no de océano, sino del cosmos inconmensurable. Es cierto que la extensión física de la Tierra es muchísimo mayor que ciento veinte kilómetros cuadrados; pero, del mismo modo, una población de 7.000 millones de habitantes es muchísimo mayor que los 50.000 que llegó a tener Isla de Pascua.
Los estados ensimismados en sus proyectos nacionales pretenden absurdamente ignorar que ocupamos un mismo planeta tal como, quizás, los antiguos clanes rapanui ignoraron en forma oportuna la finitud de la isla.
El aire que respiran los vecinos de la central nuclear de Fukushima o de Chernóbil es el mismo aire que respiramos todos nosotros. Así como también, los efectos de la deforestación en la selva amazónica, tarde o temprano, terminará por arruinarnos la vida a todos.
En este contexto, entonces, el avance de la discusión en torno a medidas como la restricción migratoria a Pascua; el traslado constante al continente de la basura para reciclaje que produce la isla; el fomento controlado del turismo ecológico, la preservación forestal y patrimonial o la implementación de energías limpias como la eólica, vendrían a conformar, todas, un suerte de “vuelta de mano” para el pueblo rapanui que nos honra día a día con la posibilidad de izar la bandera chilena junto a la bandera ancestral de Reimiro.