miércoles, 16 de marzo de 2011

Rango: derecho y corrupción en el desierto




Rango es una película animada y, como tal, la fui a ver con mi hijo de cuatro años. Sin embargo, a poco andar pude constatar que es mucho más que un film para niños. Y como no va a ser de este modo, si en ella emerge el sello inconfundible del genio de Johnny Depp. Me refiero a sus diálogos y a la puesta en escena de la traducción computacional de sus gestos humanos.
Al término de la cinta, pensé en transmitir mi experiencia, ya que, me parece, se trata de un trabajo notable, imprescindible para los estudiantes de Derecho y, en general, para todo el que crea que la justicia, el emprendimiento y la fuerza de la voluntad son capaces de transformar nuestras vidas y la de los que nos rodean, al extremo del heroísmo.
Narra la historia de un camaleón-mascota que, a propósito de una maniobra evasiva realizada por el automóvil de sus amos mientras viajan por el desierto, sale expulsado, cayendo al asfalto y quedando a expensas de las inclemencias de un clima infernal y de una serie de personajes que habitan en ese hostil lugar. Después de un tiempo, logra llegar a un rudo pueblo habitado por muchos personajes extraños que han sido manipulados por su corrupto alcalde quien busca enriquecerse con el agua de todos. Con esta finalidad, se la apropia en su totalidad y sumerge a la comunidad en la desesperación. Rango es designado por el alcalde como sheriff del pueblo con el propósito de crear una imagen en la que la gente pueda creer y así dar curso y controlar sus oscuras intenciones. Sin embargo, el improvisado sheriff sufre una conversión existencial, transformándose, justamente, en aquello que el pueblo necesita para volver a creer en la esperanza. A pesar de sus torpezas y temores, Rango transmuta en el héroe que el pueblo necesita para conseguir recobrar el agua y la dignidad perdidas, imponiéndose sobre el corrupto alcalde y sus aliados de acento argentino (¿?), a pesar de las sofisticadas estrategias de manipulación popular empleadas, como el rito religioso de la venida del agua, que nunca llegó por esta vía.
Hay momentos de la historia que son verdaderamente sublimes. Como aquél en que Rango arenga a la multitud enardecida que quiere linchar a unos ladronzuelos acusados de robar el Banco de Agua y los llama al orden, señalándoles que mientras el letrero del sheriff se encuentre colgado a la entrada de su oficina existirá todavía algo en que creer. Una verdadera apología al Estado de Derecho.
El momento medular ocurre cuando Rango es expulsado del pueblo, reprochándosele por la serpiente, el nuevo títere del alcalde, no ser un héroe. Rango regresa a la carretera en que había caído al principio y la cruza, temerariamente, sin importarle si las decenas de camiones, buses y autos que corren a alta velocidad por el lugar pueden atropellarlo. Me parece que acá se representa la idea de que el camino al éxito (desde luego también al heroísmo) no es una taza de leche; por el contrario, muchas veces, está impregnado de desafíos que parecen invencibles; desafíos que sólo personas desquiciadas podrían emprender. El éxito no es para todos; sólo para quienes tengan el coraje suficiente de luchar por él.
Al otro lado de la carretera, un armadillo que también aparece al comienzo de la película, le profetiza que ha logrado enfrentar a sus fantasmas y que es tiempo que haga algo útil por su vida. El armadillo simboliza la fortaleza de espíritu y el deseo de enfrentar a la adversidad sin importar la situación de desventaja en la que nos encontremos en tanto medie una causa justa. No es casualidad, entonces, que el armadillo esté representado a la usanza del Quijote Cervantino y hable en perfecto español antiguo.
Luego, Rango habla con el “espíritu del oeste”, la única imagen humana que aparece en la cinta, y se transforma en el héroe que no había sido capaz de consolidar con anterioridad.
A pesar de que la película está ambientada en el desierto de Mohave, es imposible no relacionar las escenas con el desierto mexicano; sin ir más lejos, la propia historia aparece relatada por un grupo de búhos-charros que con sus vestimentas e instrumentos típicos acompañan a Rango en un territorio sin ley ni Dios, tal cual sucede hoy en los Estados del norte de la federación mexicana. En ellos también se necesita un Rango, muchos Rangos, que le devuelvan a la gente honesta la esperanza en una vida mejor, sin corrupción, sin narcotráfico, sin muertes; un Estado de Derecho moralmente íntegro en el que puedan confiar; por difícil que parezca la empresa; a pesar que el costo signifique cruzar temerariamente la carretera.
Rango es la historia de un don nadie que supo transformarse en héroe y cambiar el mundo en que aterrizó por simple accidente. Allí radica su trascendencia y por eso será recordado en el desierto ficticio que una vez lo albergó. Todos podemos ser Rango, pero para eso debemos aprender a enfrentar los molinos de viento que nos arremeten y ser valientes, aunque, secretamente, nuestras piernas estén flaqueando.
En esto consiste, a veces, la defensa de la justicia. Dicho de otro modo, para resguardar la ley y la constitución que juramos respetar cuando fuimos investidos del título de abogado no en pocas oportunidades hay que ser valiente. Y para eso no se requiere ser héroe, sólo basta tener el coraje necesario. Como dijo mi pequeño hijo al salir del cine, “Rango es un súper héroe que no era súper héroe”.

Lanzamiento del libro "Abono de la prisión preventiva en causa diversa. Deconstrucción de una teoría dominante". Red UC 04/Octubre/2017

El texto analiza la procedencia del así llamado “abono de la prisión preventiva en causa diversa” en el derecho vigente. Frente al ...