martes, 16 de marzo de 2010

Procedimientos Especiales y Subdesarrollo




El proceso, en tanto mecanismo estatal de resolución de conflictos jurídicamente relevantes, puede materializarse en varias clases de procedimientos, según sea la especificidad del asunto a resolver por el tribunal. En consecuencia, no obstante la existencia de los denominados procedimientos ordinarios cuya finalidad es servir de matriz procedimental general o común, el ordenamiento jurídico se encuentra atravesado por otros tantos de aplicación especial.
Esa tendencia ha sido de algún modo heredada por las últimas reformas introducidas a la justicia penal, de familia y laboral; con todo, es un tema del cual no están ajenas las otras disciplinas de Derecho, tales como: el derecho constitucional, administrativo, de aguas, militar, policía local, y un GRAN ETC.
Sin embargo, pareciera que la anterior tradición procesal de nuestro país agudizó aún más la diversificación de los procedimientos especiales. El mejor ejemplo de esta afirmación se encuentra en el actual Código de Procedimiento Civil, el que se encuentra atiborrado de procedimientos especiales diseñados para satisfacer el más amplio espectro de derechos sustantivos consagrados, especialmente, en el Código Civil. La buena noticia es que el anteproyecto del nuevo Código Procesal Civil no persevera en esa línea.
No cabe duda que la diversificación de procedimientos especiales, más que enriquecer al Derecho Procesal, lo problematiza, ya que obliga a los tribunales, a las partes y a los auxiliares de la administración de justicia a adentrase en el conocimiento de un extenso conjunto de normas, con reglas, plazos, principios, jurisprudencia y doctrinas totalmente dispares. En otras palabras, tengo la percepción que la multiplicidad histórica de procedimientos especiales no contribuyó a una mejor administración de justicia, por el contrario, la tornó más lenta y puso en entredicho, desde alguna perspectiva, el principio de la certeza jurídica.
Los países desarrollados, entre otras muchas cosas, necesitan que los conflictos jurídicos sean resueltos rápida y eficientemente. Para eso se requieren procedimientos simples y expeditos. Parte de esa simplicidad radica, a mi entender, en la existencia de un abanico cada vez más restringido de procedimientos especiales.
A diferencia de lo que se pudiera pensar, un sistema como el propuesto no vulgariza al Derecho; por el contrario, entrega a la sociedad una herramienta de gestión imprescindible para comenzar a abandonar nuestro subdesarrollo jurídico.
G.W.F Hegel, en su libro Principios de la Filosofía del Derecho sostenía, ya en el año 1821, que por la división de las acciones en acciones cada vez más singulares - con sus derechos correspondientes - división que en sí mismo no tiene ningún límite, el procedimiento, que en sí es un medio, se enfrenta al fin como algo exterior. Las partes tienen la atribución de recorrer este extenso formalismo que es su derecho, y estos puede tener malas consecuencias y ser incluso un instrumento de injusticia. Añadía que por eso el tribunal, para proteger contra los procedimientos y su abuso a las partes y al Derecho mismo, que es la cosa sustancial de que se trata, debe obligarlas a someterse a un tribunal simple e intentar un acuerdo antes de pasar a los procedimientos mismos.

Lanzamiento del libro "Abono de la prisión preventiva en causa diversa. Deconstrucción de una teoría dominante". Red UC 04/Octubre/2017

El texto analiza la procedencia del así llamado “abono de la prisión preventiva en causa diversa” en el derecho vigente. Frente al ...